Entre la subjetividad y la objetividad: cómo la experiencia del color redefine el límite
- RAH Colours
- 29 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Vivimos en una cultura que, durante siglos, ha celebrado la objetividad como el único camino hacia la verdad, como si fuera realmente posible reducir el mundo y la experiencia humana a números, datos y leyes inmutables.“Objetivo” es aquello que vale para todos, lo que no puede ser negado.“Subjetivo”, en cambio, es lo que pertenece al individuo y, por esa misma razón, a menudo se considera débil, incierto o engañoso.
Sin embargo, la realidad es infinitamente más compleja que esta oposición.La verdad, si es que existe, nunca es neutral. Y aquello que llamamos “objetivo” surge siempre de una mirada subjetiva que, en algún momento, ha logrado imponerse como universal.
La objetividad: un sueño (quizá) necesario

En el mundo moderno, la objetividad ha sido una herramienta fundamental. Gracias a ella hemos construido la ciencia, la tecnología, la medicina; todo aquello que nos ha permitido comprender, prever y controlar los fenómenos.Sin esta aspiración a lo universal, no habríamos podido medir el tiempo, pesar la materia o describir el funcionamiento del cuerpo humano.
Pero la objetividad es siempre una elección.Es una perspectiva.Es decidir que, entre las infinitas variables que componen un fenómeno, algunas importan más que otras. Es una mirada que corta, que reduce, para que el pensamiento pueda orientarse.
Pensemos en la medicina: para definir “el cuerpo humano” hemos elegido parámetros estándar, válidos para “todos”. Pero en ese proceso hemos olvidado la infinita variabilidad de cada cuerpo y de cada historia.Hemos olvidado que ningún ser humano coincide realmente con la media estadística.
La subjetividad: la verdad que pasa por nosotros
Por el contrario, la subjetividad ha sido relegada al ámbito de la opinión, del error, de la fragilidad.Y sin embargo, es nuestra única puerta de acceso al mundo.
Todo lo que conocemos, lo conocemos a través de nosotros mismos: de nuestros ojos, de nuestra mente, de nuestra experiencia encarnada.No existe una mirada “pura”, libre de filtros.Siempre somos nosotros quienes miramos, con nuestras historias, nuestros traumas, nuestros deseos.
Quizá entonces el error no esté en ser subjetivos,sino en engañarnos pensando que no lo somos.
El color: ¿subjetivo u objetivo?

¿Qué ocurre cuando aplicamos estas reflexiones al color?
Durante siglos, el color ha sido tratado como un fenómeno objetivo: una longitud de onda medible, una frecuencia de la luz. Un hecho físico, neutro, que sucede “ahí fuera”.Y sin embargo, basta observar con atención para comprender que el color no existe fuera de la percepción.
La longitud de onda es real, sí.Pero el rojo, el azul o el verde existen solo en nuestra mente: son experiencias psíquicas.Sin un ojo, sin un cerebro que interprete, la luz no sería más que una oscilación invisible.
El color, por tanto, es profundamente subjetivo.Existe porque lo vemos.Y la manera en que lo vemos depende de quiénes somos y de lo que llevamos dentro.
Miramos el mar y no vemos el mismo azul:para una persona es el azul de la libertad,para otra, el gris de la nostalgia.
Y aun así, nuestra cultura sigue tratando el color como si fuera una verdad objetiva, olvidando que cada color es una experiencia viva, personal e irrepetible.
RAH: el color como historia personal
Es sobre esta verdad donde nace RAH:el color no es un dato, es un encuentro.
Cada ser humano guarda en su interior un archivo secreto de colores: aquellos vividos en los momentos más intensos de su vida. Colores que acompañaron la alegría, el amor, el descubrimiento, pero también el dolor.
Cuando vemos un color, no vemos solo un tono.Despertamos un recuerdo, muchas veces sin ser conscientes de ello.
Por eso no puede existir un color “correcto para todos”,ni una paleta universal.Existen colores correctos para ti, porque han caminado contigo, porque han marcado tu historia.

Color como identidad, color como terapia
Con RAH, entrar en tus colores significa entrar en tu verdad.
Ya no se trata de “elegir colores que te favorezcan”, sino de reconocer los colores que te pertenecen.Los colores que hablan de ti cuando todavía no sabes hacerlo con palabras.
Porque el color es un lenguaje primitivo, más antiguo que el lenguaje verbal.Es una vibración que sabe decir quién eres.Que sabe hacerte sentir en casa.
Y aquí ocurre una verdadera revolución terapéutica: usar el color para sanar, para reencontrarse, para habitar mejor el propio cuerpo y la propia vida.

RAH: el camino hacia un color verdaderamente nuestro
Con RAH abandonamos la ilusión de un color “objetivo” y aprendemos a mirar hacia dentro para descubrir nuestros colores únicos.
Colores que nos ayudan a reconectar con la parte más auténtica de nosotros mismos, esa que demasiadas veces hemos silenciado para perseguir tendencias, reglas y expectativas.
RAH es una forma de recuperar el poder de elegir los colores que nos hacen sentir vivos, verdaderos, en sintonía con quienes somos.
Porque, al final, la verdad del color es la verdad de nuestra alma: invisible, pero real.Personal.Profunda.
Y quizá sea precisamente cuando dejamos de buscar el color “correcto para todos” cuando, por fin, encontramos el color correcto para nosotros.











Comentarios