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El Test RAH no es una evaluación psicológica. Es un viaje a los colores de la memoria

  • RAH Colours
  • 29 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Hay algo profundamente humano en la forma en que un color puede abrir de par en par una puerta al pasado. Un amarillo deslumbrante, un azul suave, un rojo palpitante.

No son simples tonalidades: son fragmentos de nosotros mismos, tejidos en los momentos que nos han dado forma.


Esta es la intuición de la que nace el Test RAH.Un proyecto que no aspira a clasificarnos, sino a ofrecernos un mapa para reencontrarnos con aquello que nos hace sentir bien.

Desde que la plataforma se abrió a un público más amplio, he notado un cambio. Hoy, quienes se acercan a ella lo hacen con la curiosidad de quien descubre un libro recién publicado, sin conocer necesariamente todo lo que he compartido antes en mis canales sociales. Muchos se sumergen directamente en el test y solo después, con una mezcla de asombro y preguntas, me escriben para entender qué es exactamente lo que tienen entre manos.


Uno de ellos, un artista inglés, me escribió poco después del lanzamiento. Sus palabras eran un auténtico himno al entusiasmo:«Me pareció que todo el proceso de generación del resultado era increíblemente intuitivo y diseñado con una sensibilidad extraordinaria. Lo que más me impresionó fue el equilibrio perfecto: efímero y profundo a la vez, estéticamente refinado pero conceptualmente riguroso. Puedo ver claramente el valor que puede aportar tanto a los artistas como a los clientes».


Gracias, Stephen, por haber captado la esencia de RAH.

Pero luego hizo algo que me dejó perpleja. Tomó los códigos HEX de sus colores RAH, esos números que traducen sus tonalidades personales, y los introdujo en ChatGPT, pidiéndole un análisis psicológico de los datos.

Me pregunté cómo un recorrido tan íntimo podía reducirse a una lectura algorítmica basada en teorías estandarizadas. Ese no es el espíritu de RAH, ni tampoco su propósito.



Para comprender su naturaleza, necesitamos dar un paso atrás y observar otro test mucho más conocido. Max Lüscher, el psicólogo suizo que transformó el color en una lectura del alma. Su test, compuesto por sesenta y cuatro tonos y una serie de elecciones y clasificaciones, es una arquitectura compleja capaz de captar el estado emocional de la persona, desde los movimientos conscientes hasta las profundidades del inconsciente. Es una herramienta clínica, utilizada incluso en contextos militares para evaluar a personas destinadas a funciones delicadas: cadetes, copilotos, personal enviado a misiones en el extranjero.


Hace años asistí a un curso para aprender a administrarlo y quedé fascinada. Elegir un color en ese contexto era como confesar un sentimiento, una instantánea del estado de ánimo del momento.El Test RAH, aunque comparte con Lüscher el uso del color, sigue un camino distinto. Está más cerca de la poesía de la memoria que del diagnóstico.

RAH no captura un instante aislado. Arraigado en los recuerdos y en la memoria emocional a largo plazo, permanece estable en el tiempo. Sus preguntas, un juego de intuiciones y provocacione, guían a quien lo realiza a explorar el vínculo entre color y emoción, excavando en momentos que han dejado huella. No es una investigación psicológica. Es una invitación a redescubrir aquello que, en otro tiempo, nos hizo vibrar.


Sus fundamentos se apoyan en cuatro pilares de la neurociencia: el paradigma del cerebro predictivo, que explica cómo el cerebro anticipa e interpreta el mundo; el procesamiento sensorial top-down, que da prioridad a la experiencia personal en la percepción del color; el sistema motivacional de aproximación-evitación, que regula nuestras reacciones emocionales; y las asociaciones implícitas, que revelan los vínculos inconscientes que un color puede evocar. Juntas, estas teorías convierten a RAH en una brújula para orientarse en el paisaje interior.


Imagina un amarillo. Para alguien es el reflejo de un verano lejano, una colchoneta flotando en el mar, la voz de una madre cantando una nana. Para otra persona, es una sombra inquietante, el color de un coche que atraviesa un recuerdo traumático. Estos destellos, estos entrelazamientos de color y emoción, surgen al azar en momentos que no elegimos, pero que nos marcan para siempre.



RAH no pretende decirnos quiénes somos ni clasificarnos como sanos o frágiles. Ofrece una paleta personal, tan única como una huella dactilar, que puede reintegrarse en la vida cotidiana, a través de un cojín, una pared o una pintura, para reactivar los circuitos neuronales asociados a experiencias positivas. Es como hojear un álbum de fotografías invisibles, donde cada color es un capítulo de nuestra historia.


En una época en la que buscamos respuestas inmediatas, a menudo prefabricadas, RAH nos invita a hacernos una pregunta que resuena con las reflexiones de Proust o las intuiciones de Bachelard:¿qué es lo que me hace sentir vivo?


No es un diagnóstico, sino un diálogo con nosotros mismos.No una definición, sino una invitación a cultivar aquello que, en el fondo, sabemos que nos pertenece.Quizá en este gesto sencillo, elegir un color y recordar un momento, haya un pequeño acto de resistencia.Resistencia a la prisa por etiquetarnos, a la urgencia de simplificarnos.Y, en su lugar, la posibilidad de habitar nuestro mundo interior con conciencia.

 
 
 

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Andreea Hartea by H.Y.JPG

Andreea Hartea is the creator of the RAH Method, redefining colour through neuroscience and subjectivity. Her work helps designers and professionals move beyond outdated theories to create truly personal, meaningful designs.

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